[...] Pero
retomando de nuevo el hilo de la memoria pasamos a autores de postguerra y
pasamos de nuevo a otro lugar común: el tremendismo como clave interpretativa
de La familia de Pascual Duarte. Se
ha definido en multitud de ocasiones el tremendismo como una violencia
hiperbólica que, en cierta medida, se satisface a sí mismo de los elementos más procaces
de la inmundicia humana, en ocasiones incluso de forma gratuita. Lo cierto es
que en esta novela la violencia surge de la propia psicología del personaje, es
una respuesta primaria de un ser elemental que desde esta perspectiva sí tiene
una justificación. En realidad la novela emerge de la necesidad de confesión de
Pascual, confesión ambigua que da como resultado una posible doble interpretación:
¿el autor propone que antes y después de la guerra seguirá existiendo una
sociedad violenta? O bien ¿tras un nuevo orden impuesto con la fuerza de las
armas la violencia dejará de existir? Este es el verdadero meollo de la novela,
lo demás son aderezos narrativos. Sí es cierto que a Cela le queda una cosa por
resolver, y es explicar cómo un tipo de las características de Pascual es capaz
de escribir esa confesión. Problema que ya está en uno de los tantos modelos de
Pascual Duarte: las novelas
picarescas. En la propia novela iniciadora del género, El lazarillo, ya se encuentra este problema. Problema que, por otra
parte, resuelve la segunda novela picaresca: El Guzmán de Alfarache ,novela clave para la consagración e
instauración de este género totalmente autóctono. Recordemos que Mateo Alemán soluciona este aspecto haciendo que
el pícaro recaiga en al universidad donde recibe la formación necesaria como
para escribir unas memorias de esa envergadura. En definitiva, el tremendismo,
visto tantas veces como la mayor aportación de esta novela clave para la
reconstrucción de la narrativa española de postguerra, no deja de ser un
elemento narrativo más que responde a la naturaleza básica de Pascual; es por lo tanto coherente
desde un punto de vista de construcción del personaje. La verdadera importancia
de esta novela reside, como decíamos, en alumbrar la solución más factible a la
dicotomía planteada sobre la violencia en la sociedad que retrata áspera y
brutalmente. Claro está que ahí entra en juego el verdadero protagonista de la
literatura: el lector.
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